Blog de Jaume Cardona.

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lunes, 28 de septiembre de 2015

HERMAN MELVILLE. BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE: Prefiriría no hacerlo.

Herman Melville
Moby Dick fue una de esas primeras lecturas que dejaron un recuerdo imborrable en lo que fue uno de mis primeros contactos con la literatura. La leí con once años y aun recuerdo como esperaba irme a la cama para durante casi una hora sumergirme en aquella maravillosa historia del Capitán Acab y Moby Dick, la gigantesca ballena blanca. Años más tarde la volví a leer con la consciencia de que esa novela no era sólo una novela de aventuras sino que, como ocurre con el Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, se tratataba de algo bastante más profundo (Andrew Delbanco, autor de una magnífica biografía de Melville dice que Moby Dick son dos libros, una historia de mar y una atrevida aventura metafísica). Herman Melville escribió unos pocos años después otra pequeña obra que con el tiempo ha creado otro personaje inolvidable de la literatura universal: Bartleby, el escribiente. ¿Quién, que la haya leído, no ha reflexionado acerca de este personaje y de su imperturbable condicional  "Preferiría no hacerlo" (I would prefer not to) con el que respondía a cualquier demanda de su patrón? ¿Cuánto se ha escrito alrededor del significado que se esconde detrás de este triste personaje y su frase? Bartleby es el personaje literario sobre el que inevitablemente se proyectarán todo tipo de interpretaciones a gusto de las fuentes de reflexión del interpretante. Se trata de una de esas imágenes susceptible de ser transformada en metáfora de distintos significados, alguno de los cuales veremos a lo largo de este comentario sin obviar mi propia proyección en él.

Como este es un blog que se pretende de arte y psicología (aunque no siempre lo sea en un sentido estricto ni de una manera ortodoxa) mi reflexión se orienta a la relación que el personaje de Bartleby puede tener con su propio autor, con Melville. Citaba antes Moby Dick... Su gestación le llevó dos años a Melville. El notable esfuerzo de creación que fue para él, unido al gran fracasó comercial que cosechó parece que le pasaron una imborrable factura psicológica unido a otros hechos de su vida como fue el suicidio de su hijo mayor. De alguna manera la obra y su devenir inmediato en aquellos tiempos fue para Melville lo que la ballena blanca para Acab: la obra devoró a su autor. Sin embargo, y antes de entrar en esa posible relación, nos dedicaremos primero a profundizar en el personaje de Bartleby.

Ilustración de Javier Zabala de Bartleby
Bartleby, cuya profesión elegida por Melville para introducir su "preferiría no hacerlo" es precisamente la de escribiente, carece de biografía, lo cual ya nos permite reflexionar acerca de que su abordaje no viene determinado por quién es sino por qué es, en especial por aquello que su actitud nos muestra. El otro personaje principal del relato, el abogado que le contrata por sus servicios, y tras haberse enfrentado ya a su impertérrito "preferiría no hacerlo", que en inglés suena más taxativo en ese seco y concreto final "not to", dice acerca de él:

No hay cosa que saque más de quicio a una persona seria que la resistencia pasiva. Si el individuo que experimenta esa resistencia no tiene un carácter inhumano, y el que la ofrece es perfectamente inofensivo en su pasividad, entonces, cuando el primero esta de humor para ello, tratará de buscar con su imaginación una explicación caritativa de lo que su juicio no puede resolver. [1]

Bartleby, efectivamente, es un resistente, resistente pasivo añade el abogado. Nos puede ayudar a seguir la reflexión que propongo un comentario de Josep María Esquirol en su interesante libro "La resistència íntima; assaig d'una filosofia de la proximitat" (La resistencia íntima; ensayo de una filosofía de la proximidad) que se podría aplicar erróneamente a Bartleby:

Hi ha, en canvi, una reclusió i un aïllament del tot estérils, que no porten enlloc, com els de Roquentin, el protagonista de La náusea: "Jo visc sol, completamente sol, No parlo amb ningú mai. No rebo res, no dono res". Ni rebre ni donar, aixó si que es tancament, i els antipodes del resistent, el qual sempre para l'orella, per quan hagi d'arribar la paraula amiga, i el seu pensar generós es vincula a l'acció compromesa. [2]

(Hay, en cambio,una reclusión y un aislamiento del todo estériles, que no llevan a ningún lugar, como los de Roquentin, el protagonista de La náusea: "Yo vivo sólo, completamente sólo. No hablo con nadie nunca. No recibo nada, nada doy. Ni recibir ni dar, eso si es cerrarse, y las antípodas del resistente, el cual siempre pone la oreja, para cuando tenga que llegar la palabra amiga, y su pensar generoso se vincula a la acción comprometida.)

Sería fácil identificar a Bartleby con ese individuo aislado descrito por el filósofo catalán. Sin embargo, es claro que Bartleby no se enmarca en este cuadro. Nuestro escribiente no está aislado ni recluido. Y aunque lo parece la sensación es bien contraria: Bartleby se hace bien presente. Nos hallamos ante una resistencia pasiva de otro tipo. El siempre sutil pensamiento del filósofo italiano Giorgio Agamben pone a Bartleby del lado de la contingencia:

A la experiencia de la tautología, es decir, de una proposición indiferente a las condiciones de verdad porque siempre es verdadera [...], corresponde en Bartleby la experiencia del poder ser algo en verdad y al mismo tiempo no verdad. Si nadie puede siquiera soñar con verificar la fórmula del escribiente es porque el experimento sin verdad no remite al ser o no ser en acto de algo, sino a su ser en potencia. Y la potencia, en cuanto que puede ser o no ser, se sustrae, por su propia definición, a toda condición de verdad y, ante todo, el más firme de todos los principios, al principio de contradicción.

Un ser que puede ser, y al mismo tiempo, no ser, recibe en la filosofía primera, el nombre de contingente. El experimento al que se arriesga Bartleby es una experiencia de contingentia absoluta. [3]
.
Ser no siendo es el experimento de Bartleby y el origen de la misteriosa fuerza que impregna su "Preferiría no hacerlo". Y es también por ello que la fuerza del personaje no se halla sólo en su frase sino también en el silencio que suele acompañarla. Vemos en bastantes ocasiones párrafos como el siguiente:

Bartleby - dije -, Ginger Nut ha salido. Hágame el favor de ir a Correos - no era más que un paseo de tres minutos - y vea si hay algo para mí.
- Preferiría no hacerlo.
- ¿Se niega?
- Preferiría no hacerlo.
Mis piernas apenas pudieron llevarme hasta mi mesa, y allí me senté a cavilar. Mi ciega obstinación volvió. ¿Quedaba alguna cosa en la que pudiera ser ignominiosamente desobedecido por este tipejo sin blanca? ¿Por mi empleado a sueldo? ¿Qué otra cosa habrá, perfectamente razonable, que él se niegue de fijo hacer?
- ¡Bartleby!
Silencio.
- ¡Bartleby!
Silencio.

I would prefer not to.
Bartleby - película de Anthony Friedman, 1972)

Ese "preferiría no hacerlo", así como ese silencio que le sigue en muchas ocasiones, devienen una fuerza que adquiere un carácter especialmente confrontador. Bartleby se hace presente no siendo, y antes que evitar el contacto (que lo llevaría a aislarse o a recluirse), nuestro escribiente aparece como una presencia espectral que no deja a nadie indiferente, y cuya visibilidad y exposición, a pesar de su espectralidad, es bien obvia. ¿Qué lleva a Bartleby a ser no siendo? Creo que una primera respuesta la podemos encontrar en el entorno en el que transcurre el relato y en el que la "rareza de Bartleby" no lo es menos, en todo caso, que la de Turkey o Nippers con sus extraños cambios de humor y actitudes según la hora del día, o la del mismo abogado, en cuyo pensamiento hallamos la falsa bondad y la hipocresía del burgués acomodado:

Pobre hombre, pensaba, no tiene malas intenciones, es evidente que no quiere ser insolente; no hay más que mirarlo para saber que sus rarezas son involuntarias. Me es útil. Puedo llevarme bien con él. Si lo despido, lo más probable es que caiga en manos de un jefe menos indulgente, y que no se anden con consideraciones y lo dejan morir de hambre. Sí, puedo permitirme este capricho por bien poco: proteger a Bartleby, consentirle su extraña terquedad, no me costará nada, mientras cultivo en mi alma lo que en su momento, será un bocado apetitoso para mi conciencia.

Slavoj Zizek, otro de los intérpretes de Bartleby dirige su exégesis precisamente en este sentido cuando dice:

La mejor manera de entender el núcleo de la actitud obsesiva es a través de la noción de la falsa actividad: piensas que eres activo, pero tu verdadera posición, como incrustado en el fetiche, es pasiva. ¿No tropezamos con algo similar a esta falsa actividad en la típica estrategia del neurótico obsesivo que se vuelve frenéticamente activo para impedir que suceda la cosa verdadera? [...] El "acto de Bartleby" es violento precisamente en la medida en que supone no aceptar esta obsesividad activa; en él, no solo se solapan la violencia y la no violencia (la no violencia aparece como la mayor violencia), también lo hacen el actuar y la inactividad (aquí el acto más radical es no hacer nada). La dimensión "divina" se encuentra en este mismo solapamiento de la violencia y la no violencia. [4]

Esa no violencia de Bartleby que aparece como la mayor violencia se extiende a la frase "preferiría no hacerlo". Algo que sorprende en esta frase pronunciada educadamente (un reflejo antitético de la educación que acompaña la hipocresía del abogado), es que no se corresponde con la actitud férrea del no hacer de nuestro escribiente, a la que nuestra lógica más bien diría que le corresponde un "prefiero no hacerlo" o un "no quiero hacerlo". La frase, por otra parte casi la única frase que pronuncia Bartleby, añade a su resistencia pasiva una dimensión radical que se ajusta a ese ser no siendo y cuya calidad se aprecia especialmente en su forma inglesa: I WOULD PREFER NOT TO y que como dice Zizek: no niega el predicado, en realidad afirma un no predicado [5]. Gilles Deleuze, otro de los exégetas de Bartleby dice algo parecido:

Lo desolador de la fórmula consiste en que elimina tan despiadadamente lo preferible como cualquier no preferencia particular. Anula el término al que afecta, y que rechaza, pero también el otro, aquel que aparentemente conserva, y que se torna imposible. [6]

El preferiría del escribiente es un preferiría no hacer... NADA (la afirmación de no predicado). El ser no siendo de Bartleby tiene su esencial manifestación en la inactividad por excelencia. De hecho la única labor que realiza, hasta que también deja de hacerla es la de copista, labor de la que José Luis Pardo nos dice:

El copista es, pues, aquel de quien se espera que repita literalmente, que reproduzca textualmente fórmulas y formulismos (jurídicos, religiosos, retóricos o científicos, tanto da), como letra muerta, es decir, sin asistencia de esa "voz interior" que comprende e interpreta, que rememora e interioriza. [7] 

Hay un momento del relato que resulta muy curioso, justamente cuando decide abandonar la única actividad que hacia de copiar, y en la que dice junto al abogado:

Al día siguiente noté que Bartleby no hacía otra cosa que permanecer junto a la ventana, en su delirio frente al muro ciego. Al preguntarle porque no escribía, dijo que había tomado la decisión de no escribir más.
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Qué sera lo siguiente? - exclamé - ¿No va a escribir más?
- No
- ¿Y cuál es el motivo?
- ¿No ve usted el motivo? - replicó indiferente.

¿No ve usted el motivo? es también una interrogación al lector... ¿Qué lleva a Bartleby a abandonar toda actividad que no sea la de seguir viviendo, uno diría casi como un vegetal? Algunos de aquellos que han reflexionado sobre su figura lo relacionan con una dimensión angelical y, por tanto, ello implica una cierta cualidad de mensajero o incluso, como Deleuze indica, una especie de Cristo. A la pregunta de ¿No ve usted el motivo? parece que Bartleby quiera decir... es que no hay motivo (siguiendo la lógica de preferiría no hacerlo), simplemente NO HAY. Bartleby parece constituirse en un espejo, o si se prefiere en términos más junguianos, en una sombra, de esa actividad obsesiva o histérica que caracteriza nuestras sociedades occidentales, sean del orden que sean. Bartleby refleja la futilidad de todas las cosas cuando su motor es esa especie de actividad epileptoide y frenética que parece poseernos y bajo cuya tiranía parecemos vivir sometidos. Así su "preferiría no hacerlo" (I would prefer not to) deviene, como bien observa Zizek en "un significante convertido en objeto. Un significante reducido a marca interna que representa la caída del orden simbólico" [8]. El escribiente surge como para dar cuenta del abismal centro vacío sobre el que se fundamentan los constructos neuróticos. De ahí también su imagen anoréxica, como destaca el abogado: pálida y pulcra, respetable hasta inspirar compasión, con un aire irremediable de desamparo. Una imagen que, precisamente por ser sombra o anti-imagen, el abogado siente extrañamente cercana:

Por primera vez en mi vida me dominó un sentimiento de dolorosa y abrumadora melancolía. Hasta entonces no había experimentado más que una tristeza no del todo desagradable. La humana condición que nos unía llevaba ahora irresistiblemente al pesimismo. ¡Una melancolía fraternal! Porque tanto Bartleby como yo eramos hijos de Adán.

Me resulta tentador ver a Bartleby como una forma extrema del esquizoide que no se resiste a través de la pasividad que manifiesta con su terca ocultación, su renuncia a pertenecer aislándose o recluyéndose sino, todo lo contrario, a resistir empecinadamente con su extraña presencia y desvelar, sin proponérselo, el sinsentido de las falsas apariencias de la existencia humana, la futilidad de sus deseos y ambiciones que le llevan a él a renunciar a toda apariencia, a todo deseo u ambición, a todo interés. Es como si nos dijera que la única manera de que los humanos no compliquemos el equilibrio  natural de todas las cosas fuera abstebiéndonos de todo tipo de acción. Eso es lo que hace que el "preferiría no hacerlo" de Bartleby no sea nihilista sino desvelador o, como antes decía, que Bartleby sea la sombra de la falsedad obsesiva o histérica que se constituyen en motor de nuestro mundo. Otra pequeña frase que parece dar cuenta de esto y paralela a "preferiría no hacerlo" es cuando Bartleby le dice al abogado: Yo no soy particular (I'm not particular). Lo cual parece obvio porque la particularidad exige ser siendo. De Bartleby nada sabemos de su pasado, no hay el menor intento de proyección de futuro y su presente es un misterio hecho de repetición de la fórmula, de silencio y de una exterioridad hierática, neutra que parece dar testimonio de una interioridad vacía.

Bartleby - película de Maurice Ronet, 1976 -

- Sobre Herman Melville y Bartleby

Desde un punto de vista psicológico me resulta inevitable llevar la reflexión de Bartleby hacia el propio Melville y preguntarme que tiene que ver su personaje con él mismo. Y creo que para comprender a Bartleby es necesario recurrir a Moby Dick. El fracaso de la obra afectó definitivamente a Melville quien, probablemente, quedó aun más tocado tras el nuevo y aun más sonado fracaso, y que le valió el descrédito literario final, de su siguiente novela, Pedro o las ambiguedades. Fue después de esta obra que escribió Bartleby el escribiente. Su vida, a partir de este momento, fue cayendo en el retiro y el olvido, las dificultades psicológicas y físicas, las dificultades económicas, hasta que, prácticamente olvidado, murió justo cuarenta años después de la publicación de Moby Dick. En cierto modo Bartleby es el opuesto al enérgico y obsesionado Capitán Acab. Como en el análisis que hemos hecho del personaje, es más que probable que Melville vertiera en él e invirtiera su frustración en relación a una sociedad norteamericana que no reconocía a sus escritores. Dice Melville en un texto suyo sobre la literatura norteamericana:

Dado que en América hay pocos autores, y que el pueblo es indiferente a ellos, el escritor no puede ser reconocido como un maestro, pero, incluso en su fracaso y quizás gracias a él, sigue siendo portador de una enunciación colectiva que rebasa la historia literaria y preserva los derechos de un pueblo futuro, de una mutación humana. [9]

Un texto casi profético en relación a la vida de Melville y a su posterior reconocimiento no sólo dento de la literatura norteamericana sino universal. En ese sentido es interesante cuando al final del relato Melville, en boca del abogado, nos da el único hecho reconocido acerca de la vida de Bartleby cuando nos alerta que nuestro escribiente había trabajado en la oficina de Cartas Muertas de Washington. Un emocionado abogado nos dice acerca de estas cartas que nunca llegaron a sus destinatarios:

A veces el funcionario extrae del papel doblado un anillo... El dedo al que estaba destinado está, quizá, pudriéndose en la tumba. Un billete enviado en urgente socorro. Aquel al que debía aliviar ni come ni pasa hambre ya. Perdón para los que murieron desesperados, esperanzas para los que murieron sin esperanzas, buenas noticias para los que murieron ahogados por las calamidades, con sus mensajes de vida, estas cartas van directas a la muerte.

"... con sus mensajes de vida, estas cartas van directas a la muerte". ¿Y no es acaso esto lo que le ocurrió a Melville con Moby Dyck? Una obra que fue directa a la muerte al no encontrar destino en sus lectores. Bartleby parece ser su respuesta a una sociedad que no aprecia su labor creativa, un personaje que surge de la denegación literaria de Melville: invierte la actitud del creador para negarse a crear creación alguna más, invierte incluso la de su ser en cuanto a ser hablante - y escribiente -, y así se niega a enviar mensaje alguno más, sea del tipo que sea, y elige ser un muro (recordemos que el subtítulo de la obra es una historia de Wall Street - La calle del Muro -) del que nada se pueda extraer y al que nada pueda penetrar:

“Preferiría no hacerlo” opera en calidad de rehusamiento,  entendiendo por rehusamiento una alternativa posible para traducir el  término Versagung (denegación, frustración) en el sentido que adquiere ese término alemán cuando lo encontramos en Freud.  Tal como surge, ese dicho impasible de Bartleby rehusa, revoca el pacto de la palabra, en lo que la palabra tiene de compromiso con la demanda. [10]

La única manera de que las cartas no encuentren destinatario - la muerte de la carta - es no escribir más cartas. Como decía Zizek, Bartleby es el portador de un significante (Preferiría no hacerlo) que representa la caída del orden simbólico, o lo que es lo mismo, Bartleby se resiste a toda interpretación a pesar de todos los esfuerzos de aquellos que andamos buscando sus significados, pues toda interpretación incluye la subjetividad del otro, y eso es lo que precisamente Bartleby "preferiría no hacer".

El filósofo lacaniano Slavoj Zizek.
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[1] Melville, Herman. Bartleby, el escribiente. Traducción de José Manuel Benítez para Preferiría no hacerlo de la Editorial Pre-Textos. Todas las citas de esta obra corresponden a esta traducción.
[2] Esquirol, Josep Maria. Resistència íntima: assaig d'una filosofía de la proximitat. Quaderns Crema, pág.12
[3] Agamben, Giorgio. Bartleby o de la contingencia. Traducción de José Luis Pardo para Preferiría no hacerlo de la Editorial Pre-Textos, pág. 121
[4] Zizek, Slavoj. Viviendo en el final de los tiempos. Akal. Cuestiones de antagonismo, pág. 410
[5] Zizek, Slavoj. Visión de paralaje. Fondo Cultura Económico, pág. 465
[6] Deleuze, Gilles. Bartleby o la fórmula. Traducción de José Luis Pardo para Preferiría no hacerlo de la Editorial Pre-Textos, pág. 63
[7] Pardo, José Luis. Bartleby o de la humanidad. Para Preferiría no hacerlo de la Editorial Pre-Textos, pág. 152
[8] Ver nota 5, pág. 465
[9] Ver nota 6. Citado por Gilles Deleuze del texto de Melville Hawthorne y sus musas.
[10] Berdullas, Pilar. Un particular rehusamiento. http://www.psicoanalisisfreud1.com.ar/textosdocentes.php

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BARTLEBY Y EL CINE.

Hay tres películas interesantes que adaptan el relato de Melville sobre Bartleby:

BARTLEBY
(Anthony Friedman, 1970).
Existe DVD en inglés
Hay disponibles subtitulos en castellano en:
http://www.subdivx.com/X6XMjkxMDIzX-bartleby-1970.html

Una buena adaptación de la obra de Melville situada en el Londres de los años sesenta. Es quizá la versión más conocida y cuenta con buenas interpretaciones.




BARTLEBY
(Maurice Ronet, 1976)
Disponible en youtube en francés:
https://www.youtube.com/watch?v=0GgFtN7T0QM

Otra adaptación de la obra de Melville con muy buenos actores en su interpretación y acompañada de una sutil dimensión poética que hacen de ella una obra entrañable.






  BARTLEBY
  (Jonathan Parker, 2001)
  Existe DVD en inglés

Para mi gusto la más floja de las tres al incluir divergencias sobre la historia de Melville dotándola de un aire cómico y surrealista que desvirtúan el espíritu de la obra de Melville.